JORNADA ÚNICA, PERO CON DIGNIDAD Y PERTINENCIA
Jorge Merlano Paternina
PRIMERA PARTE
La implementación de la jornada única en nuestro país, es el proyecto bandera del gobierno colombiano para que nuestra nación sea en el año 2025 (de la presente Era, supongo) la más educada de América; condición que tendrá que demostrar en una evaluación internacional como PISA que contempla entre sus participantes países de América, Europa, Asia y Australia. Los temas objeto de la evaluación son escogidos por el comité organizador de dicho certamen y como es de esperarse, el contenido de la prueba en mención hace referencia a los currículos de los países más avanzados en materia educativa. Me reservo el derecho a la duda en lo que concierne al currículo latinoamericano en cuanto a que sea tenido en cuenta a la hora de elaborar las evaluaciones, no obstante, ser muestras políticas educativas unas réplicas deformadas de muchos proyectos desarrollados en otros lugares. Me resisto a creer que se aborden temas como el significado de las gestas de la independencia de América, el aporte de Latinoamérica a la cultura universal, o su papel como proveedor de materia prima y recursos biogenéticos al Antiguo Continente. Pero es muy probable que aparezcamos como referencia por considerarnos como campeones en corrupción, en producción de coca o por registrar altísimos niveles de violación a los derechos humanos (niños fallecidos por desnutrición, al igual que cientos de mujeres asesinadas y sometidas ahora al terror infernal de los ataques con ácido, etc.). Si contamos con suerte, nos mencionaran pálidamente y en letras imperceptibles por las hazañas de nuestros medallistas olímpicos, o los triunfos de Nairo Quintana, Darwin Atapuma y Esteban Sánchez, Lucho Herrera, Fabio Parra, Cochise Rodríguez, Pambelé, Happy Lora y otros, quienes ya hacen parte de la prehistoria deportiva de nuestro país, solo son recordados cuando surgen excepcionalmente ídolos en estas disciplinas. Sus hazañas se han olvidado, con la misma rapidez con la que han desaparecido sus, en otrora, escenarios históricos: (reducidos a frívolos desfiles para lucir el uniforme de la promoción, las efemérides históricas, el día de la mujer, de la madre, el día del idioma. Hasta la solemnidad y la vehemencia en la celebración del día del estudiante, se transformaron en brotes del desorden, del irrespeto y del relajo.)
Así que para aspirar a ser los más educados de América, tendremos que organizar nuestra propia prueba, (como hacen algunos colegios anfitriones, que siempre salen vencedores, porque claro, ya sus alumnos conocen los cuestionarios con anticipación), o toman como referencia nuestra posición con respecto a Venezuela y Bolivia cuando estos participen, o pedirle a nuestro amigo quien yace entre rejas, que nos ayude con un “chocorazo y revienta los resultados”. Entonces seremos, los más educados entre los peores educados de Latinoamérica.
Morroa, Septiembre 14 de 2016
